La historia de Mujeres Radicales

Al escribir esta introducción, pienso en retrospectiva acerca del desafío masivo tan excitante con que se enfrentó la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle en 1999. Fue una manifestación como ninguna que se haya visto desde la revuelta de la era de los años 60 contra la guerra de Vietnam. La “batalla en Seattle” contra el dominio corporativo global hizo eco mucho más allá de las fronteras de EE.UU. y anunció el fervor creciente y revitalizado entre los jóvenes y trabajadores. ¡Una vez más, estaba de moda ser joven, radical, estar al tanto de eventos políticos e involucrado en transformar el mundo!

Es a esta nueva ola de rebeldes y revolucionarios que hablará más directamente El manifiesto de las Mujeres Radicales, ofreciendo una avanzada guía para su búsqueda en pro de la construcción y mantenimiento de un movimiento para rediseñar la sociedad.

¡A algunas personas les podrá sorprender tal afirmación, ya que las Mujeres Radicales (Radical Women — RW), fundada en Seattle en 1967, tiene más años que muchos de esos activistas jóvenes! Pero consideren lo siguiente: de la gran cantidad de grupos de liberación femenina — círculos para incrementar la consciencia, colectivos utópicos y coaliciones pro acción — que abarcaron todo el espectro político de los años 60 y los primeros años 70, sólo las Mujeres Radicales ha mantenido vivo el espíritu militante de la rebelión femenina. Las Mujeres Radicales no solamente hemos sobrevivido sino que hemos transformado dramáticamente el panorama político.

¿Por qué hemos tenido tal impacto? ¡Precisamente porque

somos luchadoras feministas socialistas audaces, multiraciales, homosexuales y heterosexuales para derrocar al capitalismo! Precisamente porque adoptamos una teoría que explica por qué la guerra, la devastación ambiental y todas las formas de opresión están al orden del día bajo un sistema que funciona en pro del lucro privado. Y en el frente organizativo, precisamente porque contamos con una estructura democrática que nos permite actuar rápidamente y con decisión cuando más importa.

Cuando conocí a las Mujeres Radicales por primera vez en 1972, el Manifiesto abarcaba sólo dos páginas mimeografeadas, y sin embargo ya contenía la filosofía fundamental acerca de la causa de la opresión de las mujeres y de su remedio. Remontaba el origen del patriarcado al momento de surgir la propiedad privada y explicaba que la emancipación de las mujeres sólo se podría lograr a través del socialismo — que en sí mismo sólo podría lograrse por medio de un movimiento de los más oprimidos, con las mujeres, sobre todo las mujeres de color, desempeñando un papel vital. ¡Éstos eran y todavía son conceptos fuertes y subversivos!

Ese primer Manifiesto era como una línea de vida para mí porque era un bordado de todos los diversos hilos de mi despertar político. Yo me había vuelto anticapitalista como resultado de mis experiencias en el movimiento en contra de la guerra de Vietnam y feminista como reacción al sexismo de mis “hermanos” de la Nueva Izquierda. Yo había luchado solidariamente a la par de las luchas de liberación racial de Malcolm X, el Partido de las Panteras Negras, el Movimiento Americano Indígena y la Unión de Trabajadores Agrícolas Unidos. Como estudiante de la Universidad de Cornell en 1969, me uní a cientos de estudiantes, profesores y personal administrativo en apoyo de una osada ocupación de un edificio por parte de estudiantes negros, la cual se volvió un acto de auto-defensa armada contra los maleantes de fraternidades blancas racistas y culminó con una rebelión contra la administración universitaria por parte de 10,000 estudiantes.

Cuando trabajaba en Shelterhalf, una cafetería contra la guerra para soldados en Tacoma, Washington, algunos de mis compañeros estaban lidiando con su identidad sexual y muy pronto estarían entre los primeros liberacionistas gays del Noroeste. Al lidiar con todas esas diversas cuestiones, muchas otras personas y yo nos encontrábamos apurados en una incesante y urgente actividad que no estaba dirigida a ninguna solución coherente — una receta segura hacia la desmoralización y el agotamiento.

Sexo — raza — homofobia — guerra — imperialismo — capitalismo: nadie que yo conociera relacionaba todos estos elementos entre sí hasta que conocí a las Mujeres Radicales.

Las Mujeres Radicales no sólo relacionaban estas cuestiones en sus escritos, sino en las calles también… y con agallas, humor, celo y eficiencia; ni más ni menos. Me uní a ellas en ese momento y gané como premio una vida llena de ideas estimulantes y la satisfacción de haber pasado a formar parte de los sucesos panorámicos de nuestros tiempos. Sólo el activismo radical puede brindar esa gran recompensa y yo lo recomiendo de todo corazón.

Historia y logros

El manifiesto de las Mujeres Radicales incluye la teoría política de la organización. Ustedes, por supuesto, también tendrán curiosidad acerca de lo que hemos hecho. Así que con mucho gusto les presentaré una crónica a vuelo de pájaro de las Mujeres Radicales en sí. ¡Abróchense los cinturones de seguridad!

Las madres fundadoras

Las Mujeres Radicales surgió en Seattle, Washington de una clase de “Universidad Libre” sobre las Mujeres y la Sociedad impartida por Gloria Martin, comunista de toda la vida y campeona en derechos civiles. Como resultado de esta clase, Martin formó un equipo con Clara Fraser y Melba Windoffer (iniciadoras del Partido de Libertad Socialista) y Susan Stern (prominente figura en la sucursal local de Estudiantes por una Sociedad Democrática) para lanzar las Mujeres Radicales. En su libro, Socialist Feminism: The First Decade, 1966-76 (Feminismo Socialista: la primera década, 1966-76), Martin escribe que el nuevo grupo fue formado para “demostrar que las mujeres podían actuar políticamente, aprender e impartir teoría, administrar una organización, desarrollar liderazgo indígena y enfocar la atención del movimiento y de la comunidad en la cuestión malamente descuidada de los derechos de las mujeres — y que las mujeres podían hacer esto por sí solas.”

La mezcla, en las Mujeres Radicales, de activistas estudiantes de la Nueva Izquierda y radicales feministas de la tradición socialista de la “Vieja Izquierda” sobresale por ser extremadamente inusual. La Nueva Izquierda orientada hacia los jóvenes, que nació del movimiento contra la guerra de Vietnam, generalmente despreciaba el medio marxista “ortodoxo” y clamaba que “no hay que confiar en nadie mayor de 30.” Aunque Susan Stern pronto dejó las Mujeres Radicales para unirse al clandestino movimiento Weather Underground, Martin y Fraser de 44 y 51 años respectivamente, se convirtieron en fabulosos modelos y entrenadoras de feministas jóvenes atraídas por RW. Cuando era una mujer joven en St. Louis, Martin participó valientemente en las primeras protestas contra la segregación. Fraser, hija de inmigrantes rusos judíos, se había unido al movimiento socialista cuando tenía 20 y pocos años. Ambas eran mujeres trabajadoras independientes, sindicalistas y madres. Su estilo era intrépido, desafiante, no convencional, crítico, afectuoso, didáctico y cómico. Se alimentaban del debate y eran aficionadas a la literatura, el arte, la música y las culturas de todas las naciones. ¡Qué suerte tuvimos de tenerlas de mentoras y amigas!

Aunque inicialmente participaron personas de varios puntos de vista de izquierda en las Mujeres Radicales, todas perdieron interés bastante pronto — excepto el Partido de Libertad Socialista (Freedom Socialist Party — FSP). El resultado de una larga relación de trabajo y evolución paralela fue la afiliación formal de las Mujeres Radicales y el FSP en 1973. (El Partido de Libertad Socialista se había fundado sólo un año antes que las Mujeres Radicales. Su énfasis en la liberación femenina fue una de las razones principales de su separación del Partido Socialista de los Trabajadores.)

La asociación con el Partido de Libertad Socialista ayudó a garantizar la supervivencia de las Mujeres Radicales en un ambiente político siempre cambiante. Dicha asociación también nos ayudó a convertirnos en una fuerza nacional porque en todos los sitios donde el partido abría una sucursal, sus camaradas femeninas establecían también un capítulo de Mujeres Radicales. Las miembros de las Mujeres Radicales nos dimos cuenta de que la alianza con el Partido de Libertad Socialista no mermaba nuestra independencia ni autonomía sino que nos proporcionaba un ancla ideológica y apoyo organizativo para sostener nuestros arrogantes modales.

Partidarias fieles en contra de la guerra

Desde el principio, las Mujeres Radicales participamos mucho en la explosiva movilización en contra de la guerra de Vietnam. El teatro de guerrilla marcó su inauguración. A la primera protesta que asistieron las Mujeres Radicales, el contingente llegó vestido como mujeres del Viet Cong; ¡con todo y armas!

Muchos hombres activistas de ese periodo pensaban que, como las mujeres no podían ser llamadas al servicio militar, que no era su lugar estar en el movimiento, como no fuera haciendo trabajo de oficina o prestando servicios domésticos y sexuales. Las Mujeres Radicales nos opusimos a ese prejuicio argumentando que, a la vez que nos oponíamos a la conscripción, también nos oponíamos al sexismo que excluía a las mujeres de ella. Afirmamos que “el segundo sexo” sería la resistencia más fuerte a la conscripción. Además, las miembros hablamos francamente con los soldados del ejército de los EE.UU. acerca de cómo el sexismo, el racismo y el promover la violencia en contra de las mujeres son esenciales a la adoctrinación militar.

Exhortamos la adopción de una postura de causas múltiples que uniera a las luchas sociales en lugar de la perspectiva usual de una causa única que hacía que las exigencias fueran limitadas y simplistas. También llegamos mucho más allá del eslogan oportunista de “Fuera ahora” e hicimos un llamado explícito por la victoria de las fuerzas socialistas de Vietnam del Norte. En coaliciones, luchamos por la democracia, por un lugar para las voces de los puntos de vista marxistas, por el reconocimiento de que las mujeres se encuentran entre las víctimas más afectadas de la guerra y por poner fin a la devoción servil hacia el Partido Demócrata.

A partir de los años 60, la resistencia de las Mujeres Radicales contra la guerra imperialista ha sido consistente y, por necesidad, no ha cesado. Hemos denunciado la interferencia, intervención y guerra instigada por los EE.UU., la ONU y la OTAN en Chile, Nicaragua, Irán, Granada, Panamá, Somalia, Iraq y los Balcanes. En todos sitios la vida y libertad de las mujeres y hombres trabajadores ha sido atacada por el bien del lucro y del control de las clases dirigentes.

Feminismo multicolor de la clase trabajadora

Las miembros de las Mujeres Radicales trabajamos con mujeres afroamericanas del programa contra la pobreza para iniciar el movimiento pro aborto en el Estado de Washington con una marcha histórica en el Capitolio en 1969. Hicimos campaña en pro de la libertad de aborto cuando se solicitara, contra la esterilización forzada de las mujeres de color y en pro del cuidado infantil costeable, de calidad y durante las 24 horas del día. Hicimos temblar los cimientos de los moralistas con nuestras batallas en pro de la prostitución legalizada y del divorcio sin culpabilidad. Peleamos en contra de la insensibilidad policiaca con respecto a las víctimas de violaciones y asaltos haciendo lobbying para que la ciudad de Seattle emitiera leyes para formar una Comisión Especial sobre Crímenes contra Mujeres.

En 1972, Clara Fraser, que ya se había defendido a sí misma en varios casos en los tribunales, impartió una histórica clase de autodefensa legal en la Universidad de Washington. Era ésa una cuestión de sobrevivencia durante una época en que a las mujeres rutinariamente se las despojaba de todo durante los procedimientos de divorcio y potestad de los hijos. Con frecuencia no podían ni encontrar abogados que las defendieran.

RW perseveró de manera constante para formar alianzas y frentes unidos, incluyendo la Coalición de Acción para el Cuidado de los Hijos, el Consejo Coordinador Feminista (una organización que incluía el espectro total de los grupos de mujeres de Seattle), y la Coalición en pro de Legislación de Protección (un esfuerzo laboral y feminista para extender a los hombres las salvaguardas designadas por mujeres en el lugar del trabajo después de ser aceptada la Enmienda de Derechos Igualitarios del Estado de Washington).

A causa de nuestra comprensión de que es el sistema de propiedad, y no el género masculino, el responsable de la subyugación femenina, rechazamos lo que se denomina feminismo radical, una tendencia a injuriar a los hombres que alienó a muchas mujeres de color y mujeres trabajadoras. Por eso, nuestra sala de reuniones fue pintada una noche con comentarios separatistas como “las Mujeres Radicales hacen hombres.” Pero nunca lamentamos haber escogido principios políticos en lugar de la popularidad pasajera.

Desde el mismo principio, las Mujeres Radicales se diferenciaron de las liberales “damas que ejercen la persuasión legislativa.” Mientras que los jefes de organismos como la Organización Nacional de Mujeres maniobraban para impedir que el movimiento feminista llegara “demasiado lejos,” las Mujeres Radicales propusieron el punto de vista de que buscar “el respeto” es una estrategia inútil que sacrifica a las mujeres más abusadas por la sociedad.

Gracias a la perspicacia e intervención de Clara Fraser, evitamos otra de las peores enfermedades del movimiento: la tendencia a echar por la borda a nuestros propios líderes. Cuando un grupo de miembros menores fracasó en defender a Clara de un ataque verbal por parte de opositores en una reunión contra la guerra, ella decidió que era hora de que aprendieran lo que significa estar en la línea de fuego. Ella presionó a nuevas hermanas de Mujeres Radicales para que tomaran más responsabilidades y autoridad. Las Mujeres Radicales adoptaron más tarde sus ensayos “Woman as Leader” (“Mujer como líder”) y “Response to 'Notes on Leadership'” (“Respuesta a 'Anotaciones sobre el liderazgo'”) como obras de postura.

Enfrentándose al tumultuoso sexismo, los fundamentos anarquistas de la Nueva Izquierda, y la psicología debilitante de la mística femenina, las hermanas de las Mujeres Radicales descubrieron que las mujeres poseen un talento natural para el liderazgo; un don que el mundo necesita con desesperación.

Las libertadoras de la raza

La integración de las luchas por la libertad de raza y sexo siempre ha sido fundamental en nuestra teoría y práctica. Las Mujeres Radicales hemos apoyado continuamente la función de vanguardia de las mujeres de color, hemos combatido el racismo entre las activistas feministas y nos hemos expresado en contra del sexismo entre la gente de los movimientos de color. También hemos mostrado nuestro aprecio hacia aquéllos que son lo suficientemente valientes para hacer lo mismo. En sus días tempranos, por ejemplo, las Mujeres Radicales enviaron una docena de rosas rojas al entonces organizador de derechos civiles, Julian Bond, después de que hizo afirmaciones históricas en favor de la igualdad de la mujer.

Nuestro compromiso para con el feminismo que atiende a las necesidades de las mujeres de color fue cimentado por la primera separación de la organización que definió nuestro carácter, el cual se dio después de una lucha sobre el co-patrocinio de las Mujeres Radicales de una manifestación contra la brutalidad policiaca comenzada por los Panteras Negras. Algunas de las miembros de Mujeres Radicales argumentaron que eso no tenía nada que ver con la liberación de las mujeres y lo rechazaron.

Habiéndose librado de ese bagaje, las Mujeres Radicales procedieron a ayudar a proteger el Partido de los Panteras Negras local del tipo de ataques policíacos letales que decimaron a militantes negros en otras ciudades. Cuando la policía comenzó a reunirse en frente de la sede de los Panteras un día, activamos nuestra red telefónica y proclamamos una guardia comunitaria de defensa. Las Mujeres Radicales y quienes nos apoyaban formamos una valla humana que impidió que los policías entraran en el edificio. El intento de asalto fue frustrado.

Yo estuve entre varias Mujeres Radicales arrestadas en sitios de construcción como parte de una masiva manifestación de desobediencia civil organizada por la Asociación de Trabajadores Unidos de la Construcción (United Construction Workers Association — UCWA) para romper la línea de color en el área de la construcción que era toda blanca. Fuimos atacadas considerablemente por haber llamado la atención de la UCWA, un grupo compuesto principalmente de hombres negros, para promover la entrada de mujeres en la rama de la construcción — ¡pero nos otorgaron su apoyo!

Nosotros fuimos una parte muy importante en la defensa de la heroica feminista chicana Rosa Morales, víctima de un despido sexista de su puesto en los Estudios Chicanos en la Universidad de Washington. Nos movilizamos en pro de la soberanía de los Nativos americanos y participamos en la ocupación exitosa del Centro Cascadia Juvenil por parte de la Tribu Puyallup. Dicho centro era un hospital indio anteriormente. Desde Nueva York hasta Los Ángeles, hemos exigido acción afirmativa, estudios étnicos, justicia para los inmigrantes y el fin a la violencia policiaca.

Uno de nuestros desarrollos internos más vitales fue la formación del Comité Nacional de Camaradas de Color en 1981. Esta organización única agrupa a los miembros de color de Mujeres Radicales así como del Partido de Libertad Socialista. Promueve la confianza, la experiencia y visibilidad de los miembros negros, asiáticos, isleños del Pacífico, latinos y nativos. También proporciona dirección a RW y FSP en cuestiones de importancia para la gente de color. Dicho Comité es una poderosa herramienta para discutir y solucionar el racismo inconsciente que pueda surgir en nuestras organizaciones.

Debido a que el Comité demuestra la importancia que las feministas socialistas conferimos al liderazgo y a las luchas de la gente de color, se ha invitado a más mujeres de color a unirse a Mujeres Radicales y se han convertido en la mayoría en varias sucursales.

Poder color lavanda

Cuando surgió el movimiento gay en los primeros años de los 70, las Mujeres Radicales brindaron una entusiasta bienvenida a este desarrollo político fundamental. Nuestras miembros lesbianas pusieron manos a la obra para expandir la teoría marxista analizando cómo la persecución homofóbica está relacionada a la opresión de género y la explotación de clase.

Las Mujeres Radicales fueron instrumentales para obtener una ley en la ciudad de Seattle en la que se proporcionaba protección laboral y de vivienda a las minorías sexuales. Hemos ayudado a construir organizaciones militantes de derechos lésbicos y gays y hemos estado involucradas en innumerables coaliciones dedicadas a prevenir las pruebas obligatorias del SIDA, destruyendo ataques en las urnas contra los derechos de los gays, haciendo presión para la creación de proyectos de ley estatales pro gays y mucho más.

En los 80, la hermana de Mujeres Radicales, Merle Woo, una popular catedrática universitaria, notoria escritora y valiente portavoz lesbiana y asiático-americana, triunfó contra la Universidad de California en Berkeley en dos casos históricos de empleo con acusaciones de discriminación por raza, sexo, sexualidad e ideología política.

El movimiento lésbico/gay/bisexual/transexual sigue siendo una de las luchas sociales más vibrantes y activas, y las Mujeres Radicales se enorgullecen de formar parte de dicho movimiento.

Volviéndose proletarias

En 1974, RW reconocimos que habíamos hecho una histórica transición de ser principalmente un grupo estudiantil a ser una organización de trabajadoras dedicadas exclusivamente a trabajar. Habíamos reclutado un cierto número de mujeres trabajadoras ayudando a organizar una huelga y un sindicato de empleados con sueldos bajos (mujeres y de color, en su mayoría) en la Universidad de Washington. Durante este proceso, desarrollamos la idea que después se conocería como “valor comparable.” Este concepto va más allá del “pago igual por trabajo igual” insistiendo en que se pague un salario igual por trabajo comparable por medio del establecimiento de medidas objetivas del “valor” de tareas laborales no similares.

Mientras tanto, la acción afirmativa confirió a muchas de las miembros de Mujeres Radicales la oportunidad de convertirse en precursoras en trabajos no tradicionales. En la compañía pública de electricidad de Seattle, City Light, Clara Fraser creó e implementó el primer plan del país para entrenar a mujeres como electricistas. Yo fui una de las diez Aprendices de la Rama Eléctrica (Electrical Trades Trainees — ETTs) que obtuvo el incentivo de este tan exitoso programa. Sin embargo, debido a sus esfuerzos por defender el programa ETT contra el sabotaje de la administración y a causa de su importante papel en un abandono masivo de dicha organización, Clara fue despedida. Peleó una batalla legal intensa durante siete años que al final otorgó el derecho a la libertad de expresión en el lugar de empleo y logró que la volvieran a contratar en City Light.

Las miembros de Mujeres Radicales naturalmente se convirtieron en militantes sindicalistas una vez que pasaron a formar parte de la fuerza de trabajo y algunas de ellas han sido la fuerza impulsara durante muchos años en consejos laborales de los condados de San Francisco y Seattle. En los años 90, una de nuestras preocupaciones fundamentales ha sido exhortar a los sindicatos a unirse a la crucial lucha contra el resurgimiento del fascismo.

Nuestra comprensión teórica de la importancia de la entrada masiva de las mujeres en la Casa del Obrero también se ha profundizado. No sólo han aumentado nuestros números sino también estamos ubicadas estratégicamente en el creciente y poderoso sector de los servicios. Junto con la gente de color y con las lesbianas y gays, las mujeres son la abrumadora mayoría de los trabajadores. En resumen, nuestro potencial para revolucionar la sociedad es más grande que nunca.

El mundo marca nuestro derrotero

Nuestra hermandad es global — especialmente la de las feministas socialistas. Las Mujeres Radicales nos hemos expandido a Australia, y nuestras intervenciones internacionales también se han incrementado.

En 1993, delegados de nuestras sucursales de Seattle, Washington y Portland, Oregon viajaron por Rusia y por Europa Oriental para medir el impacto de la desintegración de la Unión Soviética en las mujeres, los trabajadores, las minorías nacionales y los homosexuales. En su mayoría, las personas que ellas conocieron estaban hartas de la burocracia estalinista en decadencia pero al mismo tiempo desconfiaban tremendamente de la restauración capitalista. El tipo de socialismo democrático, feminista y revolucionario de las Mujeres Radicales causó mucho interés.

Las Mujeres Radicales también han trabajado diligentemente por la supervivencia del estado de trabajadores cubano. Hemos forjado una relación especial de solidaridad con la Federación de Mujeres Cubanas. En 1997, RW y la Federación co-patrocinaron la primera Brigada Internacional Feminista en Cuba. La brigada promovió la defensa global de la isla, incrementó la oposición al despiadado bloqueo de EE.UU. y publicó los inspiradores logros de la Revolución cubana para las mujeres, los niños y la gente de color.

¡Únete a nosotros!

Las Mujeres Radicales proporcionamos nuestra visión, militancia y ética de colaboración al movimiento feminista. Hemos tenido una influencia que va mucho más allá de nuestras dimensiones. Las Mujeres Radicales ha movido el discurso público en su totalidad hacia la izquierda, en la dirección de las necesidades y exigencias de los miembros más marginados y maltratados de la sociedad. Al hacer esto, la organización ha incrementado la fuerza y la eficiencia de las luchas feminista, laboral, de la gente de color y lésbica/gay/bisexual/transexual.

Me enamoré de las Mujeres Radicales por su pasión, arrojo, imaginación, inteligencia y principios. Todas estas cualidades están tan vigentes ahora como cuando me uní a ellas. Lee nuestro Manifiesto y, si te gusta lo que leas, ponte en contacto con nosotras ¡para participar en la gran aventura de crear un futuro feminista socialista!